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Conecta con el afecto. Séptima llave de Cuerpo Profundo
Cuando nos movemos con afecto todo el cuerpo se reorganiza sin tener que interferir o forzar. Esto quiere decir que el movimiento inarmónico es lo que se ha desconectado del afecto. La resonancia que toca el afecto restaura y recupera la fuerza vital.
Cuando uno toca afecto, el cuerpo vuelve a sentirse vivo y la respiración recobra el soplo de vida.
Soltar las corazas
Cuando contenemos emociones, enfermamos y nos hacemos personas rígidas.
El ser se vuelve prisionero de sus propias armaduras.
escondidos en un caparazón
no permite que aparezca la voz del cuerpo...
Nos llenamos de capas que nos aplastan
que nos alejan del contacto con nosotros mismos,
y con el otro...
Sin darnos cuenta podemos crear un caparazón en el que uno se siente protegido, el modo de no sentirse vulnerable. Una armadura que construimos como una forma de protegerse porque en algún momento algo nos hirió.
Tal vez desde niños poco a poco, esa postura la fuimos adoptando como si fuera natural, pero en realidad fue un mecanismo de defensa ante las amenazas del cuerpo disciplinado, pero esas armaduras ya no ayudan ni protegen, con el tiempo solo van en contra de uno mismo; nos privan de la posibilidad de sentirse ligero y de compartir el afecto. Tocar y mover lo que sentimos no es cómodo porque es reconocernos vulnerables. Implica ver nuestros miedos y resistencias. Pero permitir que las grietas puedan ser ventanas y soltar las armaduras nos libera… porque detrás de las heridas somos puro afecto.
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