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Claves para fluir en tu danza. Referencias para ubicarte y tener equilibrio
Posición y transición
claves para ubicarte y tener equilibrio
El trazo de un movimiento debe ser como una pincelada
libre y fluida
pero sabiendo cortarla
en el momento preciso, sin que sea rígida.
Al bailar uno puede ubicarse mejor y tener equilibrio más fácilmente si identificamos en el movimiento dos momentos claves: posición y transición.
Posición es el momento en donde el cuerpo descansa en una figura definida que reposa, donde se plasma una imagen o una foto nítida. Este momento es como una estación para hacer una pausa, donde se expande el tiempo de la forma.
Transición es el traslado y trayecto entre una posición y otra, el intervalo donde se dibujan trazos manteniendo la continuidad del flujo, como dibujando con un pincel la continuidad de la línea, acariciando la tierra o el espacio.
Cuando uno se mueve expresando con claridad esos dos momentos, posición y transición, el lenguaje corporal se vuelve claro. Bailar no solo es moverse por moverse.
La danza es el arte de combinar momentos de trayectos y reposo, de movimientos y pausas, como en la música de sonidos y silencios.
Al definir la posición y transición, te lleva a ubicarte y te permite practicar de una forma organizada, lo cual permite corregir tu técnica y tener más conciencia de lo que estás haciendo. Por otra parte esta es la base para mejorar el equilibrio ya que el equilibrio es la capacidad de reposar en una posición y la conciencia de trasladar el peso para llegar listo y así anclarse en una posición balanceada. Tener equilibrio depende fundamentalmente de ubicar y poner atención en definir la posición y transición.
Es una metáfora interesante la que podemos relacionar de estos elementos para la vida cotidiana. Hacer una reflexión que el equilibrio en nuestra vida tenga que ver con saber accionar y moverse pero también saber crear momentos de reposo y contemplación.
Practica tu equilibrio
El equilibrio es un estado anímico;
más que una destreza es una capacidad
de paciencia, relajación y enfoque.
Ubícate en el espacio y encuentra tu lugar. Habita tu cuerpo con las 7 llaves, para recuperar tu centro. Haz una pausa, toca tierra, respira fluidamente y alinea tu eje.
Concentra tu centro
Ubica el centro. Respira desde ahí. Siente el movimiento medusa, en el centro del cuerpo. Al sentirlo el resto del cuerpo puede relajarse y sentirse libre con la fuerza, libertad y confianza de moverse. Abraza la entraña, implosiona enfocando la atención y energía tres dedos abajo del ombligo.
Enfoca tu mirada hacia un punto sin distraerte
Al estar enraizado y con la postura del eje en su lugar, la cabeza al frente despeja la mirada. Ubica un punto al que lleves la mirada, enfocando. Siente como el centro de tu cuerpo se alinea con el mismo punto en el que colocaste tu mirada. Tu cuerpo tiene dos líneas que se fugan hasta el punto de referencia. Los ojos y el centro de tu cuerpo miran a ese punto haciendo un triángulo. Es sorprendente la diferencia de equilibrio que se puede tener con la mirada enfocada en un punto. Experimenta la diferencia de moverte con la mirada enfocada y desenfocada. Siente como el centro, incluso, se pierde cuando la mirada se desorienta. Verás que al enfocar la mirada hay una dirección clara y los movimientos se vuelven más precisos. Cuando giras con la mirada en un punto fijo tienes referencia de dónde estás sin desubicarse y marearte. Tu centro está en su lugar.
Ancla una pierna para tener libre la otra y acaricia la tierra con un pie.
Cambia el peso del pilar izquierdo al derecho sin perder el eje vertical, manteniéndote en una sola pierna al menos diez segundos. Para tener movilidad debes anclar una pierna para poder liberar la otra. Aquí hay una transición importante donde hay que cuidar el traslado del peso sin perder la vertical y todos los puntos anteriores. El ejercicio consiste en estar en una sola pierna para que puedas explorar, jugar y dibujar con la pierna libre. Cuando sientas fluidez en el cambio de una pierna a otra puedes realizar el movimiento siguiendo el vaivén. Es muy interesante mirar como al dejar caer el peso de una pierna a otra en vavién, con la mirada enfocada, te permite entrar en equilibrio, permitiéndote sentir el centro como el lugar del cuerpo que sostiene tu relación con la gravedad.
En definitiva, el equilibrio dependerá de enraizar los pies y tener el centro ubicado. Acaricia las transiciones, deslizándote, buscando crear continuidad en el movimiento y soltando el peso a la tierra sin resistirse a la gravedad.
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